Aunque es bastante sabido que una persona adicta solo puede curarse cuando decide hacerlo, también es cierto que muchas veces su círculo familiar y sus seres queridos son cruciales para ayudarla a ver la posibilidad de cambiar y ayudar a hacerlo. Pese a esto, hay ocasiones en que los seres queridos de un adicto, en su afán por ayudarlo, cometen errores o recurren a formas contraproducentes.
La falta de conocimiento sobre la adicción y cómo funciona puede dificultar la comprensión de la lucha del adicto y perjudicar el apoyo durante el proceso de recuperación.
Un error que cometen algunos familiares es no educarse sobre la adicción.
Entender es la clave
Cuando se plantea la idea de la rehabilitación, el adicto debe sopesarla y madurarla por sí mismo. En una situación como esta, los familiares sufren mucho porque quieren que su ser querido pueda ver, de una vez, lo que todos a su alrededor están viendo: que se está haciendo daño, daña a quienes lo quieren, pierde oportunidades en su vida, etc. Sin embargo, ejercer demasiada presión para convencer a alguien de que entre en un programa de rehabilitación puede ocasionar el rechazo de la idea por parte del adicto, quien se bloqueará respecto al tema y se alejará de quienes intenten volver a sugerírselo.
Es importante no imponer, acompañar
En este mismo sentido, otro error común muy nocivo suele ser pretender tomar decisiones por el adicto, lo que tiende a causar que este se sienta traicionado por quienes dicen que lo quieren, deteriorando aún más la relación y la confianza. No entender ni respetar el tiempo del adicto dará como resultado tratamientos infructuosos o de un alcance limitado.

Poner límites es un acierto
Si bien es importante dar apoyo y tener paciencia, no saber establecer límites puede también ser un error muy grave, pues tiende a derivar en situaciones de co-dependencia y desgaste emocional muy nocivas, tanto para el adicto como para quienes lo acompañan en su enfermedad. No se deben permitir comportamientos abusivos por parte del adicto. Los límites y las consecuencias se deben comunicar de forma clara y respetuosa, y se debe ser consistentes y coherentes con ellos.
El dinero asegura el consumo
Algunos seres queridos, en su intento por conciliar con el rol de soporte emocional, tienden a caer en la equivocación de convertirse en mecenas del adicto, facilitándole recursos que contribuyen a mantener su adicción, como dinero u otros medios de confort. No se debe olvidar que el adicto sufre una enfermedad que mina su voluntad. Si no encuentra ninguna resistencia ante la posibilidad de seguir consumiendo, no encontrará tampoco ningún motivo para dejar de hacerlo.
La culpa es mala compañera
Cuando se intenta establecer límites, se puede cometer el error de sentir culpa, pero no se debe perder de vista que la protección del bienestar propio es esencial para poder ayudar al adicto de manera efectiva. Por otro lado, es muy frecuente que los familiares tiendan a pensar que han fallado de alguna manera y que la adicción de su ser querido es consecuencia directa de cosas que hicieron o dejaron de hacer en el pasado. Estos sentimientos de remordimiento tienden a entorpecer la labor de apoyo que pueden brindar. Las adicciones se instalan y desarrollan en un individuo por un conjunto de factores muy complejo; la culpa no la tiene ni un individuo ni un evento singular.

Hay que buscar ayuda
No buscar apoyo externo es uno de los desaciertos más frecuentes. La ayuda puede llegar no solo en forma de tratamiento contra la adicción; también existen grupos de apoyo para familiares de adictos, terapeutas especializados en orientar a los familiares y otros recursos que pueden ofrecer asistencia y mediación.
Los pequeños logros son muy grandes
Un error que no se debe cometer es no saber reconocer los logros y los avances que tiene el adicto. El refuerzo positivo es un poderoso motivador que lo ayudará a iniciar una recuperación y a que esta llegue a buen puerto. Los logros no son solamente entrar en un programa de desintoxicación o completarlo, sino que hay muchos pequeños pasos que se pueden aplaudir antes de llegar ahí. Por ejemplo: establecer metas por voluntad propia, respetar los límites y los acuerdos a los que se ha llegado, reconocer que se tiene un problema, pedir ayuda, adoptar rutinas saludables, cumplir objetivos, abandonar hábitos que pueden contribuir al consumo, participar en actividades productivas, alcanzar algún periodo de sobriedad, reconstruir relaciones personales edificantes, entre muchas otras.
Deben aprovecharse todas las ocasiones para elogiar el encaminarse a una rehabilitación o el mantenimiento de esta.